ANTROPOLOGÍA
FILOSÓFICA
El ser del hombre: persona
humana, naturaleza, valor-dignidad
La
pregunta por el hombre reviste una enorme complejidad, constituyéndose en un
problema permanente de la filosofía, de la ciencia y del arte. Como es sabido,
el hombre se abre en múltiples dimensiones, por lo que se niega a ser estudiado
desde una perspectiva particular. Antes bien, su estudio responde a la
totalidad como ser personal, de manera que no es posible concluir acerca de su
existencia como se hace con los objetos o las cosas particulares que son
estudiadas por las diferentes
ciencias positivas.
En ese orden, se puede
afirmar que el hombre no es solamente una entidad física sino que, gracias al
soporte del ethos que le presta sentido, se constituye en persona
humana, en el sentido de que posee libertad, responsabilidad, dignidad y demás
suerte de valores inmanentes y trascendentes que lo distinguen y lo sitúan en
el mundo de la naturaleza, de la historia y de la sociedad. Asimismo, posee
unas capacidades cognoscitivas, comunicativas y afectivas que le permiten
relacionarse humanamente con el mundo, con los hombres y con Dios, haciendo de
él una criatura compleja e inconmensurable.
La
ciencia de lo humano
Se ha dicho que el
hombre ha creado la filosofía y la ciencia para comprender mejor el mundo y a
sí mismo; sin embargo, no ha habido tanta dificultad en la comprensión del
mundo con la comprensión de la propia interioridad humana. Al respecto, el
hombre ha intentado sistematizar distintos saberes que abordan la condición
humana y que se constituyen en ciencias y disciplinas. A continuación, se
presentan tres disciplinas representativas:
Antropología física o etnográfica: es el estudio del hombre desde el punto de vista
físico. Esto es, que estudia los rasgos corporales, morfológicos y fisiológicos
de los individuos y de los grupos humanos, según las diversas localizaciones
geográficas y climáticas. En ese orden, realiza el tratamiento sistemático de
las razas humanas y el origen de las mismas.
Esta disciplina aporta datos muy
reveladores sobre la dimensión corpórea del hombre, pero resulta insuficiente
para la comprensión total porque por su perspectiva metodológica no puede
acceder a los aspectos espirituales del hombre.
Ello conduce a recordar que se
debe evitar el peligro de una visión estrecha del hombre en la pretensión de
agotar la realidad humana, reduciéndola a un aspecto de la misma. Como ya se
hizo referencia, este carácter reduccionista sólo es posibles desde los
presupuestos y concepciones cientificistas positivas.
Antropología cultural o etnología: Esta disciplina centra su análisis en la historia,
la estructura y el desarrollo de las diversas culturas humanas. Es la ciencia
que estudia los modelos típicos de comportamiento de un grupo humano para
descubrir los códigos o reglas de hábitos o tendencias, tanto en el lenguaje,
en las acciones, en las técnicas y en las creaciones como en sus normas
socio-políticas, su filosofía, su arte su religión.
El objeto de estudio de la antropología cultural
son los efectos y obras “objetivadas” del espíritu humano, pero no estudia
directamente la naturaleza y esencia del ser humano. No obstante, proporciona datos muy
importantes que corresponde a la antropología filosófica tratarlos desde la
perspectiva metafísica.
Antropología filosófica o Filosofía el hombre: Es un estudio sistemático del hombre, desde sus
causas últimas y los principios esenciales del ser y del obrar humanos. Se
propone estudiar al hombre en su globalidad.
A través de ella se puede establecer un fundamento último y unas metas
unitarias a esa serie de disciplinas especiales que hoy se ocupan del hombre y
que suelen denominarse Ciencias Humanas y Sociales.
Ser vivo y materia inerte
La Psicología
experimental argumenta que uno de los primeros conocimientos que adquiere el
niño de pocos meses de vida es la distinción entre los seres vivos y los demás
objetos. En ese sentido, vale la pena hacerse la pregunta acerca de cuál es la
diferencia esencial entre el ser vivo y el inanimado.
El conocimiento
espontáneo advierte algunas diferencias entre estos dos mundos, aunque en
ocasiones la frontera entre lo inerte y lo animado no es del todo clara ni
convincente. Para delimitar la frontera entre lo inanimado y lo animado se
suele acudir a la descripción de una serie de rasgos que caracterizan al ser
vivo. Véase el siguiente esquema descriptivo.
AUTOMOVIMIENTO
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El movimiento es un hecho que afecta a todo ser
material; puede proceder de otro ser (agente que mueve la cosa movida) o de
un principio intrínseco (auto movimiento).
Vivir es moverse a sí mismo. Lo vivo es lo que tiene en sí el
principio de su movimiento, lo que se mueve solo, sin necesidad de un agente
externo. Vivir es un modo de ser, dado que el auto movimiento afecta a quien
lo tiene: para los vivientes vivir es ser.
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UNIDAD
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La cohesión interna entre las partes es una
propiedad que poseen todos los seres. En perspectiva metafísica, el ente, en
cuanto es, posee una unidad intrínseca. Esta unidad admite grados. Si bien se
admite la existencia de substancias en el mundo no viviente, esta noción se
realiza de modo primario en los vivientes, porque su unidad e individualidad
especialmente fuertes. Así, las piedras poseen unidad, pero es pequeña, pues
si se le da un golpe podría tornarse en dos o más piedras. En los seres vivos
esa unidad entre las partes es mayor. Si se fragmenta a un ser vivo no se
obtiene dos seres vivos. Las piedras son “unas” en mucha menor medida que los
animales, porque no se cuentan por su número sino por su peso. En cambio los
seres vivos, se cuentan por su número, por individuos, porque el individuo es
todo el.
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ORGANICIDAD
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La unidad de los seres vivos no es uniformidad
ni sus partes son homogéneas, a diferencia de los seres inertes. Éstos poseen
escasa diferenciación interna: cada parte de la sustancia material tiene
características semejantes. Al partir una roca, los pedazos son piedras
sustancialmente iguales, en cambio los seres vivos son organismos porque poseen
una organización interna no homogénea: cada parte cumple una función en el
todo. Los seres vivos son sujetos claramente diferenciados de otros.
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INMANENCIA
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Procede del latín in-manere, que significa
“permanecer en“, quedar dentro”, “quedar guardado”. Aristóteles en su Metafísica indica dos
tipos de operaciones:
a. Las
operaciones transeúntes: su fin y efecto permanecen fuera del sujeto
de la acción, ésta perfecciona a un objeto exterior y no al sujeto que la
hace.
b. Las
operaciones inmanentes: su causa y efectos permanecen en el sujeto y
la acción perfecciona el sujeto y no a la cosa. Por ejemplo el conocer. La inmanencia de los vivientes significa
que actúan teniéndose a sí mismos como fines, siendo beneficiarios de sus
propias acciones.
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Principio vital, operaciones vitales y facultades
Vivir no es idéntico a
obrar, sino que es su condición de posibilidad. Si la esencia del ser vivo
fuese inmediatamente operativa, el ser vivo estaría realizando siempre en acto
todas las operaciones que le convienen. Pero no ocurre así, pues el viviente no
está siempre en acto de las operaciones de que es capaz, y, sin embargo,
siempre posee esa capacidad a merced de su alma.
Aristóteles y Santo
Tomás distinguen cuatro operaciones vitales: alimentarse, sentir, traslación de
lugar y entender. La vida no es ninguna de esas operaciones, pero es el
principio operativo que hace posible esas operaciones. La vida es un predicado
esencial para el ser vivo, puesto que sin este principio el ser no sería de ningún
modo. Sin embargo, las operaciones vitales son predicados accidentales, dado
que el ser vivo continúa siendo tal a pesar de no estar actualmente realizando
estas operaciones.
El viviente siempre
está vivo, pero no siempre está realizando operaciones vitales. La distinción entre estar vivo y estar
muriéndose o estar conociendo nos lleva a distinguir entre EL ALMA (principio
vital o acto primero del ser vivo) y las facultades o potencias operativas
(principios del obrar y de sus operaciones o actos segundos). El alma es el principio remoto de
operaciones, mientras que las distintas facultades son el principio próximo de
las mismas.
Desde el punto de vista metafísico y en
términos aristotélicos, se puede decir que el alma es forma sustancial del cuerpo,
mientras que las potencias operativas son formas accidentales. Esto significa
que propiamente el que obra es la sustancia completa y no sus potencias.
Por
ejemplo, el ojo, en cierto sentido no ve, sino más bien es el hombre el que ve
a través de la facultad visiva. Cuando se trata de potencias orgánicas, la
sustancia opera por medio de la parte del cuerpo en la cual se localiza la
potencia orgánica. Por esta razón, la lesión del órgano correspondiente puede
llegar a impedir la operación.
La forma de los seres
vivos, o alma, está siempre informando al cuerpo. Sin embargo, el alma posee
pluralidad de capacidades, funciones u operaciones que no siempre se están
ejerciendo en acto. A esas capacidades las llamamos potencias, facultades o
capacidades operativas. Así, pues, las potencias se clasifican de la siguiente
manera:
ORGÁNICAS
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Cuando dependen intrínsecamente de algún órgano
corporal, como el tacto o la vista.
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ESPIRITUALES
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Cuando no hay una dependencia intrínseca al
cuerpo, como la inteligencia o la voluntad.
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Síntesis de la primera división de las facultades del alma:
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A. Funciones orgánicas o corporales
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FUNCIONES VEGETATIVAS
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Nutrición, crecimiento y generación
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FUNCIONES SENSITIVAS
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Sentidos externos e internos
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FUNCIONES APETITIVAS O INSTINTIVAS
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Deseos o impulsos
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FUNCIONES MOTORAS
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Movimientos de traslación
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B. Funciones no orgánicas o intelectuales
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Esta diversidad de
facultades proviene de la diversidad de fines. Hay orden y subordinación de los
fines y facultades entre sí. Se puede decir que las facultades inferiores nacen
de las superiores y las superiores son el fin de las inferiores. En efecto, la
nutrición está al servicio del crecimiento y ambas se ordenan a la generación
del individuo. A su vez, las vegetativas se ordenan a las sensitivas; las
funciones orgánicas se ordenan a las intelectuales.
Tales operaciones se
denominan de esta forma porque son comunes a todos los vivientes. No quiere
decir que sólo las posean lo vegetales o las plantas, sino que es la única
modalidad de vida que manifiestan esos seres. El hombre y todos los demás seres
vivos poseen estas funciones, aunque en el hombre el modo de realizar las
operaciones vegetativas viene modulado por la razón y por la libertad. De esta
manera, la satisfacción de estas necesidades básicas es de orden cultural.
Entre las diversas formas de vida vegetal hay también grados: desde formas muy
cercanas a los compuestos químicos no vivientes hasta tipos muy básicos de vida
animal (bacterias, virus, animales unicelulares). Pero lo que caracteriza
propiamente la vida vegetativa es que se desarrollan tres tipos de operaciones
bien diferenciadas: la nutrición, el crecimiento y la generación.
NUTRICIÓN
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CRECIMIENTO
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DESARROLLO
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Operación vital por la que el ser vivo preserva
la vida; capacidad de mantener la integridad substancial mediante el cambio y
sustitución de los materiales constitutivos del ser vivo.
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Función suya operación y objeto es permanecer en
el ser, sustituyendo los elementos que lo integran. En el hombre al desarrollo de las
facultades orgánicas y espirituales.
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Facultad, cuyo fin es la transmisión de las
características típicas de cada especie mediante la producción de uno o
varios individuos. Tal transmisión constituye la base de las mutaciones que
posibilitan la evolución de las especies: se mantiene la especie aunque el
individuo concreto desaparezca.
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El término latino persona proviene del verbo personare, que significa “resonar, hacer
eco, sonar con fuerza”. La raíz de este
significado hay que buscarla en el término griego prósopon (literalmente significa aquello que se pone delante de los
ojos) que era la máscara utilizada
por los actores en el teatro para hacer más sonora la voz del actor: con esta
carátula la voz del personaje sobresalía, se hacía oír. Pero además, la máscara del teatro servía
para identificar a los personajes en la acción teatral, tenía la función de dar
a conocer la identidad del personaje dentro de la representación.
Una derivación de este
sentido de persona es per se sonnas, es
decir quien posee voz por sí mismo. De aquí deriva la definición propia del
Derecho Romano para quien la “persona es sujeto de derecho e incomunicable para
otro”. En este sentido específicamente
jurídico, se habla de “persona” cuando un individuo humano en virtud de su
nombre es reconocido y puede desempeñar su papel en la sociedad como sujeto de
derechos y deberes.
Pero ese
reconocimiento estaba subordinado a condiciones exteriores, como el linaje o la
familia de la que procedía. Un hombre
que no perteneciera a una familia noble no tenía voz propia y se le designaba
con le nombre de capuz, es decir, un individuo indeterminado. Lo interesante de
esta concepción jurídica es que subraya el hecho de que se es persona para
alguien.
En estas dos
acepciones se advierte que el vocablo persona
se halla emparentado en su origen, con la noción de lo prominente o relevante,
es decir, con la idea de dignidad, aunque esta dignidad no era claramente
aplicable a todos los hombres.
En el pensamiento
cristiano propio de la Edad Media, y recogiendo la enseñanza de la revelación
cristiana, se dice que el hombre es “imagen y semejanza de Dios”. Cada individuo humano posee una espacialísima
valoración intrínseca porque es fruto de un acto creador, libre y amoroso de
Dios.
La especulación
teológica llevada a cabo por lo Padres de la Iglesia hizo posible una
comprensión más profunda de la noción de persona aplicada al estudio de los
problemas trinitarios y cristológicos. Ese esfuerzo especulativo cristalizó en
Boecio, haciendo célebre una definición que pasó a toda la escolástica
posterior: “la persona es el supuesto individual de naturaleza racional”.
La
descripción de Boecio trataba de delimitar una noción de persona válida contra
los nestorianos (que sostenían que en Cristo había dos naturalezas y dos
personas) y contra los monofisitas (proponían que Cristo sólo se encontraba
presente en la naturaleza divina). Como se puede observar, se trata de una
definición eminentemente ontológica, en la que se utilizan unas categorías
filosóficas procedentes del aristotelismo.
La persona es una substancia
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Lo que es substrato de los accidentes (el peso,
el color, la medida, la figura, etc.).
La substancia existe en sí misma (posee en sí mismo el ser), mientras
que los accidentes sensibles existen en el sujeto subsistente. Al ser
sustancia es incomunicable (el ser de cada uno no puede pasar a otro).
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Esa substancia es individual
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Es a lo que Aristóteles llamó “substancia
primera”. De esta manera se hace
referencia a la sustancia con aquellas particularidades que la distinguen de
los otros individuos de la misma especie.
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La persona posee una naturaleza
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La esencia (“aquello por lo cual una cosa es lo
que es”) es principio de operaciones.
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Esa naturaleza posee racionalidad
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Por ello que “se abre” cognoscitivamente al
mundo que la rodea mediante ideas universales. El hombre, por su
entendimiento y voluntad, es, en cierto sentido, todas las cosas.
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Tomás de Aquino recoge
esta definición, pero define a la persona como un “subsistente racional” y de manera
más precisa la define como “todo ser subsistente en una naturaleza racional o
intelectual”. De esta manera se puede
aplicar también a Dios (la racionalidad en sentido estricto no le compete), al
tiempo que con el término “subsistente” se subraya la individualidad y la
incomunicabilidad del ser (propio de la sustancia).
Las aportaciones del
pensamiento cristiano en la delimitación de la noción de persona son
importantes. La dignidad personal se
extiende a todos los hombres y no sólo a algunos. Así, “persona” es algo que se es; no es un
título que se adquiere o se “tiene” por linaje familiar.
La persona posee su propio ser, pero se trata
de un ser comunicado por Dios, el acto de ser personal es un acto de ser
derivado. La persona humana no es el fundamento
del ser (nadie se comunica el ser a sí mismo), sino que es un ser fundado en
Dios que lo comunica a la persona mediante un acto creador y libre.
La escolástica
nominalista y la filosofía empirista propician la crisis del pensamiento
metafísico. Las categorías aristotélicas de sustancia, naturaleza o esencia son
rechazadas o, al menos cuestionadas. La clásica definición de persona se
abandona, puesto que al entrar en crisis el pensamiento metafísico se hace
imposible acceder intelectualmente a la noción de sustancia. Sólo se admite
como válido el conocimiento accesible a la observación directa de los sentidos
y en consecuencial, el “yo” personal es incognoscible, por tanto sólo cabe
postular su existencia pero, no afirmarla.
En el racionalismo la
persona no se puede comprender como una unidad. La doctrina cartesiana, llevaba
a afirmar que la sustancia es el pensamiento mientras el cuerpo es otra
sustancia. La persona humana no se fundamenta en el ser racional, sino en una
facultad suya y en su correspondiente operación. Se puede afirmar que la
persona se entiende en términos de autoconciencia.
En la filosofía
contemporánea se sigue afirmando la radicalidad personal no en el ser sino en
el obrar. Es el pensamiento y no la voluntad la que ocupa un papel hegemónico
en la comprensión del hombre. Se trata de una explicación voluntarista del
hombre, pero se trata de una voluntad autónoma desligada del bien y de la
verdad. El hombre no posee un ser fundado (en Dios), sino que se trata de un
sujeto fundante de la verdad y el bien.
En la filosofía del
siglo XX nacen ideologías colectivistas y materialistas que tienden a reducir e incluso anular la dignidad
personal. Desde el materialismo, el
individuo humano es una especie más evolucionada de su mundo que se explica en
términos materiales. No existe una preeminencia sobre otros seres naturales.
Desde el colectivismo la individualidad humana sólo cobra valor y sentido en el
todo del Estado. Por consiguiente la persona ha de subordinar sus propios
intereses al fin superior del Estado.
El personalismo al que
Mounier se refería diciendo “llamamos personalista a toda doctrina y a toda
civilización que afirma el primado de la persona humana sobre todas las
necesidades materiales y sobre los mecanismo colectivos que sostienen su
desarrollo”, surge como reacción a una concepción materialista y colectivista
del hombre, que tiende a disolver a la persona humana en un engranaje más del
proceso de producción.
La recuperación
de la noción de persona se realiza desde el método fenomenológico (descripción
de los estados de conciencia) y no metafísico.
La definición sustancialista de persona tiende a ser cuestionada por el
personalismo como insuficiente, puesto que la sustancia individual connota individualidad
e incomunicabilidad, mientras que la persona es apertura, relación y diálogo
(con los demás y con Dios). Además, reducir la persona a substancia (mero
substrato de accidentes materiales) será equivalente a “cosificarla”.
Cuando se habla de persona
humana desde la fenomenología y desde la metafísica, se debe evitar considerar
estas dos perspectivas como si se tratara de estudiar dos tipos de realidades
diversas.
Se trata de ver a la persona
humana en su dimensión ontológica (en su ser más íntimo), a través de su obrar,
que es susceptible de ser descrito mediante la fenomenología. La acción de ver sirve como un momento
particular de la aprehensión –es decir de la experiencia- de la persona. Una acción presupone una persona. La acción revela a la persona y miramos a la
persona a través de su acción.
Es preciso distinguir
dos planos cuando se habla de la persona humana:
Plano ontológico
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La persona es la sustancia individual (soporte
óptico), cuyo ser es incomunicable, aunque se abre intencionalmente a toda la
realidad. Ella subsiste como substrato último y raíz de las operaciones y los
actos libres. Este substrato subsiste en el tiempo a través los cambios. La persona es siempre “la misma”, aunque no
siempre sea lo mismo.
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Plano dinámico-existencial
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Aspecto dinámico de la persona que implica un
crecimiento del ser personal y se determina mediante sus acciones libremente
asumidas. Ella no es sólo lo que ya es (no es sólo lo dado), sino también lo
que todavía “no es” o lo que puede llegar a ser.
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La unidad sustancial de la
persona humana
La negación
de la unión sustancial de la persona
La persona humana se
presenta en la perspectiva metafísica como una sustancia individual, es decir,
un ser subsistente. De su acto de ser personal se deriva la especificidad y
dignidad de la persona humana manifestada en la racionalidad y en la libertad.
A lo largo de la historia de la filosofía se ha negado el carácter substancial
de la persona humana de muy diversas maneras. El problema fundamental consiste
en explicar cómo es posible la unidad sustancial de la persona, admitiendo a la
vez la existencia de dos elementos heterogéneos como son el cuerpo y el alma.
La primera negación
del carácter sustancial del hombre proviene de la admisión de diversas almas o
principios últimos de actividad. Cuando
Platón plantea que en el hombre hay un alma nutritiva, otra concupiscible y
otra cognoscitiva, asume uno de los orígenes de esta negación. También en Filón
de Alejandría se evidencia esta noción, pues él admite que existe un alma
sensitiva y una racional.
En la
tradición aristotélico-tomista se reconoce en el hombre un alma única, la
intelectiva, provista, sin embargo, de la virtualidad necesaria para la vida
sensitiva y la vegetativa. La conciencia de cada hombre ofrece la mayor prueba
a favor de la tesis que mantiene la unidad
esencial del alma humana. Cada hombre es el centro de un sistema
vital. Nuestro “yo” se presenta como el
sujeto único de toda su actividad viviente.
Pero esto sería imposible si cada hombre fuese no una unidad sustancial
sino un simple agregado. A esta última condición se reduciría, no obstante,
nuestro ser, si se admitiera en él más de una sola alma, porque toda forma
sustancial implica un ser esencialmente distinto. El ser de cada hombre estaría
entonces dividido en tantas unidades sustanciales como distintas almas se
admitieran en él.
La principal negación
del ser substancial del hombre proviene en la actualidad del fenomenismo
psicológico, de la teoría actualista y del asociacionismo. Para estas teorías psicológicas no hay
substancias permanentes, sino tan sólo acontecimientos, hechos o situaciones,
carentes de sujeto de inhesión.
Estas
corrientes coinciden en negar que haya en ningún hombre algo permanente a
través de sus múltiples estados y operaciones.
Desde esta corriente se plantea que la persona no es lo que es, sino lo
que se va haciendo con su obrar. La
perspectiva psicológica advierte que la base de esa teoría consiste en entender
que una sustancia permanente en la vida del hombre es algo incompatible con la
fluidez y el dinamismo propios de la vida.
Este argumento desconoce que la permanencia de nuestro ser no es
contradictoria con el dinamismo de éste.
Permanecer, es en el hombre, seguir siendo hombre a través de los
cambios de la vida; y en cada hombre concreto y singular, seguir siendo ese
hombre singular y concreto. Negar la sustancialidad en nombre del dinamismo de
nuestro ser, supone, en la práctica, rechazar que la sustancia es precisamente
principio de actividad.
Y creer que la
permanencia de este principio es contradictoria con el dinamismo humano es no
tener en cuenta que uno y el mismo ser puede ser esencialmente permanente y
accidentalmente mutable, porque el sujeto del cambio no es la esencia no ningún
accidente, sino aquello en lo que esencia y accidentes se dan en la realidad,
es decir, la sustancia individual.
Otra manera de negar
la unidad sustancial del ser humano es la concepción dualista, que consiste en
entender alma y cuerpo como dos sustancias completas que se unen de un modo
accidental. Poco importa, en efecto, que
se reconozca en cada hombre un alma única y permanente, si luego se la piensa
como accidentalmente unida al cuerpo humano.
Tal es la teoría que sustentan, por una parte, Platón y por otra,
Descartes.
Para Platón el alma es en comparación con el cuerpo, como el
artífice en relación a su instrumento, o como el marino respecto a la nave; de
manera que el hombre no es el concepto de su cuerpo y su alma, sino tan sólo su
alma, que se vale de un cuerpo.
En otro
momento Platón parece extremar su postura, y habla de que el alma humana está
encerrada en un cuerpo del que debe liberarse.
Por otro lado, el dualismo de Descartes parte del principio “pienso,
luego existo” y la lleva a definir al hombre como una sustancia cuya total
esencia o naturaleza es pensar, y que no necesita para ser de lugar alguno, ni
depende de ninguna cosa material.
Como
en la teoría Platónica, el hombre es identificado con su alma, concretamente
con una de sus facultades: el pensamiento, mientras que el cuerpo no es otra
cosa que la extensión que más inmediatamente actúa sobre nuestra alma, a la que
halla unida en la glándula pineal.
Frente a este dualismo
hay un monismo psicológico que no reconoce diferencia esencial entre el cuerpo
y el alma, o entre los fenómenos físicos y los psíquicos. Cuerpo y alma son
solamente aspectos de una misma realidad.
El monismo adquiere diversas formas, puede tratarse de un monismo
“espiritualista” (donde sólo se reconoce la sustancia espiritual), de un
monismo “materialista” (sólo hay materia) o un monismo “trascendente”, según el
cual el alma y el cuerpo no son sino manifestaciones o “modos” de una tercera
sustancia (para Spinoza es la misma sustancia divina).
En el monismo, a diferencia del dualismo,
queda a salvo la unidad sustancial de nuestro ser, pero a costa de eliminar la
distinción entre el cuerpo y el alma, por negar la existencia del primero
(monismo espiritualista), o por rechazar, tanto la una como la otra a la
existencia de una sustancia que no es ni corpórea ni anímica (monismo
trascendente) y respecto a la cual tanto el cuerpo como el alma son sólo
modalidades.
La unidad sustancial en la tradición
aristotélica
El pensamiento
aristotélico y medieval entiende que el hombre es una unidad compuesta de dos
co-principios inseparables: alma y cuerpo.
¿Cómo se explica esta unidad? La
noción de alma (psiqué) en la tradición aristotélica, es un concepto
fundamentalmente biológico, pues designa lo que constituye a un organismo vivo
como tal, diferenciándolo de los seres inertes, inanimados o muertos.
Aristóteles en su tratado Sobre el alma da tres definiciones del
alma, que son complementarias: “Alma es el acto de un cuerpo físico organizado
que tiene la vida en potencia”.
Completando esta definición añade “Alma es el acto primero de un cuerpo
orgánico”. Por último, para distinguir
lo que es el alma y sus operaciones afirma; “Alma es aquello por lo que
primariamente vivimos, sentimos, nos movemos y entendemos”
El concepto básico
aristotélico de alma no se aplica sólo al hombre, puesto que los seres vivos
poseen también un principio vital, que se puede decir que poseen “alma”. Pero, además, el alma de los vivientes no
racionales difiere esencialmente del alma espiritual de los seres racionales.
El alma es, en
principio, un concepto operativo, que sirve para comprender qué es un ser vivo
en tanto que “un organismo vivo o un cuerpo animado, no es un cuerpo más un
alma, sino un determinado tipo de cuerpo”.
Según esta concepción, el alma no se opone al
cuerpo. El ser vivo tiene dos dimensiones: una materia orgánica y un principio
vital que organiza y vivifica esa materia.
Ese principio vital, aquello por lo cual un ser vivo está vivo, su
principio de determinación y de operación, es el alma. Lo que diferencia a un perro vivo de un perro
muerto es que el primero “tiene” alma, está vivo, y el segundo no, y por eso se
corrompe.
El alma no es un
elemento inmaterial, preexistente que haya de unirse a un cuerpo preexistente,
aunque inerte, sino que el cuerpo sin el alma no es tal cuerpo, porque no llega
a constituirse y a estar formalmente organizado como tal.
Es en este sentido que se hace necesario
reconstruir la tendencia imaginativa al dualismo, que induce a combinar un
cuerpo preexistente con un espíritu que se introduce “dentro” de él y lo vivifica,
como si fuera un ”duende”. En realidad,
sin alma no hay cuerpo alguno. Los escolásticos resumían esta doctrina en la
siguiente fórmula: anima forma corporis,
“el alma es la forma del cuerpo”.
La explicación
aristotélica no es otra cosa que una aplicación al ser humano del hilemorfismo,
según el cual el hombre es un ente inmóvil, esto es, un ente susceptible de
cambios. Según la concepción
hilemorfista, todo ente móvil consta de materia prima y forma sustancial. Cada una de ellas es un ser incompleto, es
decir, no propiamente un ser, sino sólo un principio entitativo.
La sustancia completa es la resultante de la
forma sustancial y la materia prima, cada una de las cuales, por lo tanto, es
una realidad incompleta, o sea, algo que no existe aisladamente, sino que está
esencialmente unido con el otro “coprincipio”
sustancial. Es la sustancia
entera la que en rigor existe.
La materia y la forma
no deben concebirse como entidades plenas, sin que por ello dejen se de ser los
dos algo real y manifiesta también que ambos principios no se unen por
contacto, ya que, esto supondría la existencia de dos entes completos.
Tampoco son la forma y la materia fragmentos
integrantes de un todo continuo, porque ninguno de los dos principios está en
una sola porción o trozo de él. La
unidad de la forma y la materia no es ni de la de un contacto, ni la de una
continuidad; y sin embargo, es algo efectivo.
La forma substancial configura esencialmente a la materia prima que,
como algo entitativamente determinable, hay en todos los cuerpos. La interpretación hilemorfista de los entes
corpóreos no es, pues, ni un mero dualismo ni un monismo estricto.
En un sentido estricto
y riguroso, el alma no se une con el cuerpo, sino con la materia prima y de su
unión con ella “resulta” el cuerpo vivo.
De manera que el alma, más que unirse al cuerpo, lo que hace es unir,
estructurar a éste o, lo que es lo mismo, informar de tal modo a la materia
prima que el compuesto sea un “organismo” corpóreo apto para la vida.
En el caso del hombre, la forma sustancial
que por su unión a la materia prima determina ese cuerpo organizado es el alma
espiritual, capaz no sólo de sus capacidades específicas, sino también de las
que corresponden a la vida sensitiva y vegetativa. El alma es la que, al establecer la
estructura esencial y unitaria del ser humano, posibilita que todos los actos
sean actos de un único ser, de un único “yo” que se realiza en la historia de
manera espiritual – personal.
El cuerpo humano y su carácter
personal
A través del cuerpo es
posible socializar e identificar a las personas. También es posible “experimentar” que las
funciones vitales humanas son posibles por la existencia de una serie de
órganos que se unifican en un cuerpo determinado. El cuerpo que cada hombre llama “suyo”
aparece como algo constitutivo de su entidad personal. El cuerpo no tiene un
carácter extrínseco como los trajes que se visten, sino que posee un valor
intrínseco, su relación con la persona es algo más que una simple
adherencia.
Desde una perspectiva
dualista, podría decirse que el cuerpo humano no se diferencia esencialmente
del cuerpo del resto de los animales más evolucionados. El hombre podría entenderse de manera
esquemática como un cuerpo meramente animal unido a un principio espiritual al
que se le denomina alma. El cuerpo
humano, gracias a su unión sustancial con el alma espiritual, adquiere unos
caracteres únicos que lo hacen irreducible al cuerpo meramente animal.
La corporeidad es el
modo de hacerse presente la persona entera (cuerpo y alma) en el mundo y en el
tiempo. Es decir, para la persona humana
su modo de vivir es en el cuerpo, y a través de su cuerpo. La corporeidad no es un accidente que le
sucede a una persona.
No se puede pensar
en la persona (al menos en esta vida terrena) si no es con su cuerpo. Incluso es el cuerpo el que hace posible
reconocer a la persona concreta. No sólo
sucede esto en lo que tiene que ver con el reconocimiento, sino también en el
plano del amor. No se puede amar a una
persona sólo en su alma, prescindiendo de su cuerpo, ni se puede decir con
verdad que sólo se ama al cuerpo de la otra persona, pero no su alma. Se ama a la persona entera que se presenta
ineludiblemente como una totalidad unificada.
El cuerpo no es un
soporte rígido del alma, más bien parece ser una manifestación dinámica de la
persona misma. Los hábitos corporales
adquiridos libremente muestran que el movimiento del cuerpo humano no responde
al mero azar ni a fuerzas instintivas incontroladas. En efecto, aprender a conducir un coche,
tocar un violín, bailar una danza, son hechos que muestran que los movimientos
corporales son educados por la persona y su libertad. En cierto sentido el cuerpo está a nuestra entera
disposición.
Una de las primeras
tomas de conciencia de la libertad se hace posible gracias al cuerpo. Ser dueños del cuerpo, implica una expresión
de un poder más general del ser dueños de la vida. “La capacidad de objetivar el cuerpo y de
emplearlo al actuar es un importante factor de la libertad personal del hombre. Gracias a este momento somático (…) de la
subjetivación personal, se consigue y manifiesta la estructura específica del
autogobierno y la autoposesión de la persona humana. El hombre en cuanto persona se posee a sí
mismo en la experiencia de su materialización precisa, porque implica la
sensación de poseer su cuerpo, y se gobierna a sí mismo, porque controla su
cuerpo”.
Se es dueño del
cuerpo, pero no dueño total. El hombre
no se da el cuerpo a sí mismo y no es capaz de modificarlo
sustancialmente. El peso se puede
controlar, pero no ocurre igual con la estatura, ni la fealdad o la belleza,
tampoco el color de la piel; esto parece estar más allá del alcance de la
libertad de la mayor parte de los
mortales. El dominio del hombre de su
propio cuerpo manifiesta por un lado la libertad propia de la persona, mientras
que su carácter finito expresa el carácter de humana. “Persona humana” implica siempre “libertad
limitada”.
La persona no puede
vivir y expresarse al margen de su cuerpo.
La vida terrena es vivir según el cuerpo y no fuera de él. Por eso los gestos y palabras exteriores
manifiestan a la persona, sus sentimientos y su querer. La expresión corporal
son formas de expresar lo que uno lleva dentro.
De ahí la importancia de las reglas de educación y urbanidad. Estas son las convenciones sociales que pueden
variar (y varían de hecho con el tiempo y las culturas), pero no por ello son
despreciables.
La dignidad personal y su
fundamentación
Con la palabra
“dignidad” se designa principalmente una cierta “preeminencia o excelencia por
la cual algo resalta entre otros seres por razón del valor que le es exclusivo
o propio”. Según esto la persona humana está revestida
de una especial dignidad gracias a la cual sobresales o destaca sobre el resto
de la creación, de tal modo que el hombre, cada hombre, posee un valor
insustituible e inalienable, muy superior a cualquier criatura del universo. Cualquier manera de considerar o tratar al
hombre como una realidad de rango inferior atenta directamente contra su
dignidad como persona.
Si bien existe un
acuerdo universal a este respecto, reflejado en la declaración Universal de los
Derechos Humanos, vale la pena preguntarse si la dignidad que fundamenta los
derechos de la persona ¿es algo que el hombre posee por el mero hecho de ser
hombre o es más bien una reivindicación que nos concedemos recíprocamente?
La explicación kantiana
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Kant subraya el valor de la persona como un fin
en sí mismo. La humanidad misma es una dignidad. Ser digno equivale a ser
libre puesto que la libertad es aquello en virtud de lo que destaca sobre los
seres no racionales. Es por esta razón que no puede ser tratado como medio
sino como un fin en sí mismo.
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La fundamentación jurídico-positiva
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El positivismo jurídico dice que los valores
sociales determinan la sociedad, así que una conducta no se castiga porque
sea mala sino que es mala porque se castiga. El positivismo hace pensar que
los derechos humanos de ligan a una determinada situación histórica, social o
cultural, y por tanto no son universales. La idea de dignidad humana inspira
la promulgación de leyes y derechos de las personas; estas leyes serían unos
complejos mecanismos de defensa que el hombre inventa para protegerse ante
los individuos de su misma especie.
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La fundamentación ontológica y geocéntrica
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La persona humana es digna por el ser un
individuo de la especie humana. Esta dignidad no es un logro ni una
conquista, sino una verdad derivada del modo de ser humano. Lo que sí se
conquista es el re-conocimiento por la sociedad del valor y dignidad de la
persona humana. La persona tiene un carácter absoluto o un “yo” absoluto”: es
un fin en sí misma, y no se la puede usar como un medio instrumental para
otros fines.
Para la tradición cristiana la única forma de
afirmar la dignidad humana es el reconocimiento explícito de que el hombre
está hecho a imagen y semejanza de Dios. El carácter absoluto de la persona
está supeditado al reconocimiento de una instancia superior. No obstante,
existen comportamientos que están en armonía con la naturaleza y otros que
son contrarios a ella y en consecuencia son indignos. Por esta razón es importante
distinguir una DOBLE DIGNIDAD:
Una dignidad ontológica o natural que
deriva de su índole de persona, “imagen y semejanza de Dios” y que se
manifiesta en su actuar libre, es decir, ser dueño de sí mismo y dominar su
mundo circundante.
Una dignidad moral, que depende del uso
que se haga de la libertad.
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BIBLIOGRAFÍA
RODRÍGUEZ, Angel. Ética General. 5ª. Ed. Pamplona: EUNSA, Ediciones
Universa de Navarra, S.A., 2004.
GARCÍA, José. Antropología Filosófica. Una introducción a la filosofía del
hombre. 2ª. Ed. Pamplona: EUNSA, 2003.
Critica
El documento el cual he
interpretado desde una perspectiva filosófica pero también religiosa, me lleva
a ver el contexto del hombre de una forma más profunda, el cual me hace ver la
realidad o las dimensiones que conforman al hombre, la antropología física o etnográfica
estudia los rasgos corporales, morfológicos y fisiológicos de nosotros los
seres humanos.
Es muy importante saber centrar sus análisis en la historia, o la estructura y el desarrollo de las diversas culturas que tiene el hombre para este estudio se encarga la rama de la antropología cultural o etnológica que nos ayuda a mirar las culturas las cuales influyen mucho en el desarrollo intelectual del ser humano.
También es muy influyente su cultura religiosa la cual hace crecer al ser humano en un gran ser espiritual, el cual lo lleva a creer en algo, pero gracia a ala antropología filosófica podemos tener un visión completa de la estructura del ser humano.
Es muy importante saber centrar sus análisis en la historia, o la estructura y el desarrollo de las diversas culturas que tiene el hombre para este estudio se encarga la rama de la antropología cultural o etnológica que nos ayuda a mirar las culturas las cuales influyen mucho en el desarrollo intelectual del ser humano.
También es muy influyente su cultura religiosa la cual hace crecer al ser humano en un gran ser espiritual, el cual lo lleva a creer en algo, pero gracia a ala antropología filosófica podemos tener un visión completa de la estructura del ser humano.
El ser humano es un ser el cual necesita de principio vitales para poder existir, Santo Tomas
de Aquino y Aristóteles nos hablan de alimentarse el cual hace un hombre fuerte
y capaz de seguir, pero si los vemos por los ojos cristianos también nosotros,
hombre de fe creemos que el espíritu necesita de ese manjar celestial el cual
la iglesia católica no lo da en la eucaristía.
Somos seres que sentimos un golpe un dolor y eso nos hace sensibles ante tantas dificultades: podemos amar, llorar,odiar,reír y muchos más sentimientos que por poca fe no somos capaces de resistir y morimos, pero todo eso lo podemos poner en manos de nuestro señor el cual todo lo soluciona y nos pone en un mejor camino.
Como sabemos somos seres que entendemos y podemos solucionar cualquier dificultad, que es lo que nos diferencia de otros seres vivientes, el poder entender por qué pasa las cosas es una ventaja altísima que por diferentes motivos nosotros los hombre somos capas de malinterpretar y que habecés no puede llevar hacer actos desagradables.
pero el abrasarnos en la fe cristiana nos muestra el amor incomparable que nos tiene Dios el cual nos sirve para formarnos como una gran hombre que entiendo, comprende y ve las cosas con ojos de fe.
Somos seres que sentimos un golpe un dolor y eso nos hace sensibles ante tantas dificultades: podemos amar, llorar,odiar,reír y muchos más sentimientos que por poca fe no somos capaces de resistir y morimos, pero todo eso lo podemos poner en manos de nuestro señor el cual todo lo soluciona y nos pone en un mejor camino.
Como sabemos somos seres que entendemos y podemos solucionar cualquier dificultad, que es lo que nos diferencia de otros seres vivientes, el poder entender por qué pasa las cosas es una ventaja altísima que por diferentes motivos nosotros los hombre somos capas de malinterpretar y que habecés no puede llevar hacer actos desagradables.
pero el abrasarnos en la fe cristiana nos muestra el amor incomparable que nos tiene Dios el cual nos sirve para formarnos como una gran hombre que entiendo, comprende y ve las cosas con ojos de fe.
También es muy importante ver el pensamiento de filósofos tan
importante sobre el ser humano que se asimila a la doctrina de nuestra fe
cristiana el cual nos dice que el cuerpo
es una sustancia que está organizada por el alma espiritual el cual creemos por
nuestros ojos de fe que el ser que va al
cielo y que nuca se acaba.
Que ademas está compuesto por la vida sensitiva o vegetativa, que siente y algún día se acaba su movimiento por que va envejeciendo con el pasar del tiempo, ya que llegaremos al tiempo de la descomposición es muy importante saber estos aunque algunas personas no crean.
Debemos recordar que todos tenemos un ser espiritual al cual olvidamos tanto, porque solo nos preocupamos por el ser material el cual se va acabando pero que por nuestra vanidad hacemos lo posible para que se vea bien, sabiendo que este cuerpo se acaba porque es solo sustancia.
Que ademas está compuesto por la vida sensitiva o vegetativa, que siente y algún día se acaba su movimiento por que va envejeciendo con el pasar del tiempo, ya que llegaremos al tiempo de la descomposición es muy importante saber estos aunque algunas personas no crean.
Debemos recordar que todos tenemos un ser espiritual al cual olvidamos tanto, porque solo nos preocupamos por el ser material el cual se va acabando pero que por nuestra vanidad hacemos lo posible para que se vea bien, sabiendo que este cuerpo se acaba porque es solo sustancia.
También es importante recalcar el carácter personal que es una unión sustancial de su
alma y su cuerpo la cual hacen que salga un carácter único el cual lo hace
incomparable, es la forma como todos los seres humanos nos hacemos presente en
el mundo.
habecés podemos parecer animales racionales porque tenemos carácter inadecuados a los de un ser racional, pero que formando un ser compasivo y con buenas doctrinas cristianas, podremos ser seres espirituales y compasivos frente algún problema y no reaccionar con un carácter inadecuado que me puede llevar a perder mi vida o mi libertad por no haber trabajado mi ser.
habecés podemos parecer animales racionales porque tenemos carácter inadecuados a los de un ser racional, pero que formando un ser compasivo y con buenas doctrinas cristianas, podremos ser seres espirituales y compasivos frente algún problema y no reaccionar con un carácter inadecuado que me puede llevar a perder mi vida o mi libertad por no haber trabajado mi ser.
Es muy importante resaltar la dignidad personal
y su fundamentación en el ser humano el
cual esta revestida de una especial dignidad la cual no es comprada o regalada
por; un cargo, una familia prestigiosa, el dinero o las doctrinas de fe.
La dignidad es algo que posee cada ser humano y es
una valor insustituible e inalienable por eso somos las criaturas preferida y
semejantes por DIOS porque tenemos un poco de su dignidad la cual debemos saber
valorar, la dignidad se le debe dar a todo ser humano sin especificar su
estrato, condición o estilos de vida, la cual debe ser respetada.
Pero creo que en el mundo actual la dignidad ya no
se le da si no a las personas importante porque vemos un mundo material, y no
valoramos primero la vida de nadie, mucho menos su dignidad creemos que
desprestigiar una persona por una red social o en cual todo lugar es tan
normal.
esto nos vuelve grandes y respetados sin saber el problema que puede afrontar la otra personas, si nos vamos a ojos de fe parecemos judíos los cuales no respetaban la dignidad de nadie y no nos damos cuenta que cuando nos burlamos o hacemos daño a otra persona le estamos haciendo daño al mismo cristo.
esto nos vuelve grandes y respetados sin saber el problema que puede afrontar la otra personas, si nos vamos a ojos de fe parecemos judíos los cuales no respetaban la dignidad de nadie y no nos damos cuenta que cuando nos burlamos o hacemos daño a otra persona le estamos haciendo daño al mismo cristo.
Todo esto se da gracias a los pocos valores que se
nos da en casa o en instituciones educativas o hasta la falta de compromiso de
la iglesia o de nosotros mismo, porque somos seres materiales que no pensamos
en las consecuencias que puede traer no respetar la dignidad de alguien,
podemos hasta acabar con la vida de alguien, pero cuando nos damos cuenta ya es
muy tarde y no podemos hacer nada.
Para concluir debemos respetar a todo ser humano, no criticar a nadie, para después no lavarnos las manos como lo hizo Pilato. Sino que respetar a todo el mundo con el respeto adecuado si iniciamos ya este trabajo desde casa seremos un mundo con paz y tranquilidad como no lo dejo Dios pero gracias a nosotros mismo vivimos como estamos.
Para concluir debemos respetar a todo ser humano, no criticar a nadie, para después no lavarnos las manos como lo hizo Pilato. Sino que respetar a todo el mundo con el respeto adecuado si iniciamos ya este trabajo desde casa seremos un mundo con paz y tranquilidad como no lo dejo Dios pero gracias a nosotros mismo vivimos como estamos.













