DOS CONCEPTOS ANTROPOLÓGICOS: REALISMO DE LOS
SANTOS Y CIENCIA DE LOS SANTOS
Autor: Luis Alonso Ramos Franco
Autor: Luis Alonso Ramos Franco
Introducción
El presente ensayo tiene
como propósito analizar dos conceptos antropológicos: Realismo de los santos y
ciencia de los santos. Estos conceptos fueron formulados por Edith Stein en la
introducción de Ciencia de la Cruz, texto en el cual la autora analiza el
pensamiento y el espíritu de San Juan de la Cruz con ocasión del 400
aniversario de su nacimiento.
La riqueza de estos
conceptos será evaluada a partir de su capacidad para describir la auténtica
potencialidad y realización de la persona humana. Esta capacidad será propuesta
en este ensayo como un modelo o paradigma antropológico apto para desarrollar
eventualmente una psicoterapia, ya que permite comprender la originalidad de la
naturaleza humana y su disposición primigenia hacia la comprensión y expresión
del auténtico sentido de la realidad, es decir, permite comprender también la
auténtica realización de la persona.
La pérdida de la
impresionabilidad y expresividad originarias de la naturaleza humana.
La naturaleza humana ha
sido herida por el pecado. Con ello, las potencialidades de realización de
la persona humana se han visto afectadas. Edith Stein comenta brevemente esta
situación existencial analizando algunos «signos reconocibles naturalmente que
indican que la naturaleza humana, tal como realmente es, se encuentra en un
estado de corrupción. Para ello, la santa se enfoca primordialmente en los
impedimentos para percibir y comprender la realidad cabalmente, y poder
responder a ella, es decir «la incapacidad de comprender el estado de las cosas
conforme a su verdadero valor interior y de responder».
Aparentemente, el
ser humano, por una suerte de «”estupidez” congénita», por «un embotamiento que
a lo largo de la vida se ha ido formando» o por «un embotamiento frente a
ciertos estímulos determinados como consecuencia de una rutinaria repetición»,
se hace incapaz, en su naturaleza, de percibir el significado y el valor de la
realidad, haciéndose insensible a ella y teniendo a las cosas como inaccesibles
a su ser. Además, –agrega Stein– esta experiencia no es neutra, sino que genera
sufrimiento, especialmente en relación al campo religioso, ya que para el
creyente resulta particularmente doloroso experimentar una insensibilidad
frente a los acontecimientos salvíficos: éstos «nunca (o ya no) les han
impresionado como es debido, y no muestran en su vida la fuerza formadora que
debían.
Lo dicho plantea la
siguiente interrogante: ¿cuál es la auténtica y originaria
manifestación de la naturaleza humana? Como se puede notar, el
enfoque del análisis sobre la corrupción por el pecado apunta al hecho de que
el ser humano debería tener, en su estado primigenio, una natural
impresionabilidad frente a lo real, así como una correspondiente fuerza
formadora, ya sea como expresión de la vitalidad de esta misma realidad que se
percibe y actúa en la persona, como también por el hecho de que la persona que
la acoge tiene la disposición correcta para dejarse formar por ella y
responder. La naturaleza humana debería permitir que se exprese la persona,
pero al mismo tiempo, debería consentir que la realidad se manifieste a través
de ella.
Para comprender esto es necesario tener un concepto de "realidad”
amplio, es decir, lo real no debe identificarse con lo cuantificable únicamente,
como erróneamente tiende a pensarse[5]; lo real significará en este ensayo,
principalmente, el ser en su expresividad de sentido y en su eficacia vital que
transforma a aquel que lo acoge, y que, en esa dinámica, lo realiza, es decir,
hace que la persona sea más real en la medida en que su ser exprese más
cabalmente toda la riqueza de su significado existencial.
Desde una perspectiva
creyente afirmamos que la persona tiene en su existir un fundamento teológico:
en su constitución original la persona humana está sostenida en la existencia
por una relación originaria, es decir, el acto continuo de la creación que
expresa la relación original de amor sobreabundante que sostiene a la persona
en su existencia. En este estado natural de las cosas, lo normal para la
persona humana sería el poder disponer de su naturaleza para que esta relación
originaria perfeccione todas sus facultades y se exprese indefectiblemente en
su libre actuar.
En otras palabras, si tomamos a la Relación Trinitaria como
la Realidad por antonomasia, la dinámica original de las realidades creadas
debería consistir en dejarse permear por la Realidad y expresarla. Sin embargo,
sabemos que el curso de la historia no fue este, y que el ser humano cometió un
acto de rebeldía contra Dios y contra sí mismo, introduciendo en la naturaleza
una distorsión que, como hemos visto según el análisis de Edith Stein, se
manifiesta principalmente por una incapacidad para reconocer e impresionarse
por lo real, y dejarse transformar (o realizar) por ello.
El realismo
del santo como respuesta a la corrupción de la naturaleza humana, y como
preparación para la ciencia de los santos
Con lo señalado surge
una nueva interrogante: frente al estado actual de corrupción de la naturaleza
humana, ¿cómo es posible realizarse? No nos detendremos a comentar la
iniciativa de Dios en la historia de la salvación de la humanidad, pues no
es el objetivo de este ensayo. Sin embargo, analizaremos la dinámica o el curso
que debería seguir una persona en este proceso de realización.
Por oposición a la falta
de sensibilidad ante lo real, Edith Stein presenta el concepto de
"realismo del santo”. Ella lo formula con las siguientes palabras: se
trata de «la receptividad interior original del alma renacida en el Espíritu
Santo». Lo primero que hay que notar es que la condición imprescindible para
que se dé tal realismo es el renacimiento en el Espíritu Santo, es decir,
implica necesariamente la actuación de la gracia, y este renacimiento puede
interpretarse de distintas maneras análogas: ya sea como un sacramento
(Bautismo) o como una conversión religiosa en un momento específico de la
historia personal o como estado permanente de una constitución religiosa de la
vida.
Se debe descartar, por lo tanto, que el "realismo del santo” sea una
suerte de técnica gnoseológica o epistemológica, ya que presupone un
renacimiento, una nueva vida, es decir, dado que el principal impedimento es la
corrupción de la naturaleza, sólo la reconciliación de la misma le devuelve su
forma original.
Por otro lado, en cuanto
a la "receptividad interior original del alma”, Edith describe lo
siguiente: «lo que en ella entra, lo acoge en la forma adecuada y en la
correspondiente profundidad; y encuentra en ello –no impedida por ningún falso
entumecimiento ni entorpecimiento– la fuerza viva, móvil y dispuesta a ser
formada, y que se deja dirigir y moldear fácil y alegre por lo recibido». Se
puede observar la oposición tangencial con el estado de corrupción de la
naturaleza que previamente se ha descrito. Teóricamente, si la persona es
regenerada por la gracia y coopera con ella, tendrá a su disposición una fuerza
natural que le es propia en cuanto creatura.
En este estado podemos notar,
primeramente, que la naturaleza de la persona posee una permeabilidad adecuada
para percibir y acoger lo que en ella entra. Esa adecuación es tal en la medida
en que lo acogido se percibe en la correspondiente profundidad, es decir, cada
realidad tiene una profundidad y un valor que le corresponde, y no será lo
mismo dejarse "tocar” por la contemplación de un atardecer que por las
palabras sabias de un maestro en la vida espiritual. Cada realidad puede ser
percibida rectamente en la medida en que se la ubique en relación a un
horizonte de sentido pleno.
Además de ello, esta
realidad que "entra en contacto” con la persona a través de su naturaleza,
la debe dirigir y moldear, es decir, se presupone una vitalidad propia presente
en todo lo que es real, y esto resulta un tanto evidente si se recuerda que el
concepto de "realidad” está íntimamente unido al concepto de
"significado”. Todo lo que posee significado tiene por sí mismo la
capacidad de indicar también un sentido que dirige y, por lo tanto, moldea o da
forma al que lo acoge.
En otras palabras, la condición de la naturaleza humana
"sanada” por el renacimiento en el Espíritu Santo, hace a la persona capaz
de "resonar” proporcionalmente al "toque” de la realidad que se le
manifiesta. Nótese el paralelo analógico con un instrumento musical que,
estando bien afinado, resuena perfectamente según la frecuencia de onda propia
de cada nota, y según la habilidad del músico que lo interpreta. Edith Stein
utiliza sus propios ejemplos para explicar lo dicho: el realismo del niño y el
realismo del artista. En cuanto al primero, la santa resalta la ductilidad o
maleabilidad propia del alma de un niño: ésta «es blanda y dúctil.
Lo que en
ella penetra puede fácilmente estar dándole forma de por vida». Respecto al
segundo caso, ella compara esta impresionabilidad con la del artista: «Por la
fuerza inquebrantable de su impresionabilidad, el artista se emparienta con el
niño y con el santo». Es un intento de describir lo propio del artista, es
decir, su espontaneidad para sentirse conmocionado por una realidad
contemplada, la cual no permanece indiferente a él, sino que de cierto modo lo
forma interiormente y lo impulsa a expresarla exteriormente con alguna obra de
arte: «Es propio del artista, que aquello que interiormente le conmociona,
exige ser formado en él en "imagen” y, también, ser formado hacia afuera».
Es interesante notar,
especialmente en el caso del realismo del artista, cómo Edith explica que,
dicha impresionabilidad que forma a la persona, también "la utiliza” a
ella misma como instrumento para hacer resonar el horizonte de sentido pleno.
Recuérdese que se explicó que cada realidad posee un valor y una profundidad
propia en la medida en que se relaciona a este horizonte absoluto.
En el caso
del artista, la santa hace alusión a una especie de experiencia o condición
simbólica que sería algo propio de la naturaleza humana en su estado primigenio
o reconciliado por la gracia. Así, el artista (o la persona humana), «de la
plenitud infinita del sentido hacia la que avanza todo conocimiento humano,
capta algo y lo hace manifiesto y lo expresa; y, ciertamente, de tal manera que
hace resonar misteriosamente la totalidad de la plenitud de sentido, inagotable
para todo conocimiento humano». Se trata de un acto de revelación, una suerte
de epifanía que es constitutivamente inherente a la naturaleza creada de la
persona humana, pero, al mismo tiempo, es algo propio de sus obras, como
debería serlo toda auténtica creación artística.
También se ha de notar que
estas mismas obras de las manos del ser humano, al portar en sí un valor y un
significado que revela o hace resonar el horizonte de sentido pleno, apela
redundantemente a la misma persona que lo crea. Para explicar esto Edith
utiliza el ejemplo de un artista que elabora una imagen de la Cruz: «el
Crucificado espera también del artista algo más que una imagen. Él le exige,
como a todo hombre, el seguimiento: que se convierta él mismo en imagen de
Cristo cargado con la cruz y crucificado, y conforme a ella se deje modelar».
Esto significa hipotéticamente que la persona humana renacida en el Espíritu
Santo también se hace sensible a sus propias obras, descubriendo en ellas su
propia imagen, la cual, a su vez, es imagen de Dios, y por ello mismo, se
siente apelada por Él. Con otras palabras, la imagen externa se hace forma
interior de la conducta de la persona en la medida en que se acoge en su
correspondiente profundidad.
Esta conducta informada por el significado de la
realidad contemplada y actuada, «impulsa al camino del seguimiento», e
introduce a la persona en la dinámica del segundo concepto que se analizará en
este ensayo: "la ciencia de los santos”.
La Ciencia de los
santos como expresión del camino de seguimiento.
Dice Edith Stein, refiriéndose al concepto del realismo del santo: «Cuando la fuerza de un alma santa acoge de esta manera las verdades de la fe, entonces ella llega a la "ciencia de los Santos”. Cuando el misterio de la cruz se convierte en su "forma interior”, entonces alcanza la "ciencia de la cruz”». De todas las realidades que la persona puede percibir en este estado de "realismo”, las verdades de la fe tienen una fuerza particularmente significativa para su realización personal. Cuando estas verdades adoptan un carisma determinado, como por ejemplo el carisma de la Cruz para los Carmelitas Descalzos, entonces esta ciencia adopta su forma específica.
Cabe indicar que el
concepto de "ciencia” es explicado por la santa de tal forma que no se
malinterprete y confunda con la noción más coloquial del término, es decir,
como un cuerpo teórico de conceptos estructurados orgánicamente y con sentido:
«no se trata de una simple "teoría”, es decir, ni de una pura relación
–verdadera o pretendida– de proposiciones auténticas, ni de una construcción
ideal en base a pensamientos coherentes». Este es el significado más usual
según los cánones hodiernos del mundo científico. Tiene, además, un claro matiz
idealista y, por lo tanto, no sería extraño ver en esto una crítica al pensamiento
alemán ilustrado. Aun así, el significado de ciencia que Stein utiliza no se
opone directamente a esto, sino que más bien lo amplía y extiende.
Ella señala: «Se trata
de una verdad bien conocida –una teología de la cruz–, pero verdad viva, real y
operante: como un grano de trigo que se siembra en el alma, echa raíces y
crece, así da al alma un sello característico y la determina en sus acciones y
omisiones, de tal modo que por ellas resplandece y se manifiesta»[18].
Naturalmente, la palabra ciencia hace alusión a los conceptos de
"conocimiento” y de "verdad”: podríamos decir que la ciencia es el
conocimiento de la verdad. Sin embargo, agrega la santa, esta es una verdad
viva, real y operante. Se puede notar el paralelo con el concepto de
"realidad” que estamos empleando, sin embargo, la salvedad aquí es que se
trata de las verdades de la fe propiamente. Éstas actuarían en la persona con
la dinámica de una semilla que va echando raíces y germinando desde el
interior. Lo interesante aquí es notar que esta vitalidad que anida en el
interior del hombre y va desarrollándose, impregna al alma de un sello
característico. Podríamos atribuir a esto una comparación con el "sello”
ontológico que se imprime por el sacramento del Bautismo, sin embargo hace
referencia propiamente a una determinación en las acciones y omisiones de la
persona. Eso significa que, de alguna manera, esta "semilla” de verdad
viva anida en la sede de la conciencia, desde donde la persona dispone de su
libertad para actuar. Aquí se puede comprender claramente por qué este concepto
de ciencia no es meramente teórico, sino que tiene necesariamente una
implicancia moral. Por último, se puede notar cómo, al igual que en el realismo
del santo, la verdad que se acoge en la conciencia, y que tiene una vitalidad
propia, resplandece y se manifiesta por medio de las acciones de la persona.
Como ya se puede ir
percibiendo, el realismo del santo no es enteramente distinto de la ciencia de
los santos. Son más bien dos momentos que se unifican y retroalimentan en la
persona humana. Se puede decir que el realismo de los santos es disponer la
naturaleza humana para acoger la Palabra de Dios y resonar apropiadamente con
Ella; mientras que la ciencia de los santos es la expresión vital de la Palabra
de Dios en el ser humano. El realismo de los santos es la condición que lo hace
posible. Esto también se puede comprender al notar que Edith Stein indica que
la ciencia de los santos es algo a lo que se llega, es decir, implica un
seguimiento, y este seguimiento se hace posible auténticamente cuando la
naturaleza humana está bien dispuesta (o preparada) para el mismo. Teóricamente
se podría reconocer que una persona está apta para la iniciación en la ciencia
de los santos en la medida en que tenga reconciliadas o sanadas sus facultades
naturales de impresionabilidad y expresividad ante la realidad según su
profundidad y valor correspondiente. De no ser así, las verdades de la fe no
podrán ser percibidas rectamente y tampoco encontrarán en la persona una
naturaleza que le permita "resonar” y expresarse externamente. Si la
persona se iniciase en esta ciencia, podría luego descubrir qué carisma
particular de las verdades de la fe se ajusta más propiamente a su identidad y
vocación, como por ejemplo el carisma de la Cruz para la vocación carmelita de
San Juan. Así, indica nuestra santa: «En este sentido se habla de una "ciencia
de los santos” y nosotros hablamos de ciencia de la cruz».
Finalmente, para
recapitular el sentido "teórico” de la ciencia, que no queda abolido por
esta noción, sino que se reconfigura, es oportuno señalar que Edith, de cierta
forma, podría estar refiriéndose a él como una "cosmovisión” de la
persona: «De esta forma y energía vital brota, también, desde la más profunda
interioridad, la concepción de la vida, la imagen de Dios y del mundo del
hombre, y así puede encontrar su expresión en una concepción, en una
"teoría”». Naturalmente, para que una verdad se exprese vitalmente,
primero debe ser comprendida e interiorizada. La ciencia de los santos implica
una labor de asimilación de las verdades de fe de tal forma que vayan
configurando la concepción que la persona tiene de todas las dimensiones
fundamentales de la realidad, como por ejemplo la concepción de la vida, Dios,
el mundo, el hombre, y se podrían mencionar otras. Por esto mismo, en la
conceptualización de "ciencia”, Edith también agrega que se trata de una
teología, pues implica un conocimiento de las verdades divinas.
Discusión
Existen aún muchos
aspectos que valdría la pena seguir analizando en relación a los dos conceptos
tratados en este ensayo. Sin embargo se postergará tal labor a fin de poder sintetizar
algunos puntos de discusión que permitan una mejor profundización en estas
realidades.
En primer lugar, al
notar la semejanza entre los dos conceptos, surge el siguiente interrogante: Si
el realismo de los santos presupone un renacimiento en el Espíritu Santo, y
éste a su vez presupone una acogida de las verdades de la fe, ¿se puede decir
en verdad que el realismo de los santos es la preparación para la ciencia de
los santos? ¿No podría ser al revés? Parece necesario mantener la tensión
propia que surge entre ambas nociones sin entrar en oposición alguna. Para ello
es de gran ayuda recordar que la iniciativa no es del hombre, sino de Dios, y
que si se debe identificar el inicio de este proceso, éste debe ubicarse en Él.
No obstante, Dios es principio y fin, y por lo tanto, sin dejar de ser el
iniciador, es también el objetivo final del proceso. Es más, Él es también
quien sostiene a la persona en este camino de seguimiento. Por lo tanto, parece
lícito tomar al realismo de los santos como una preparación, pues hace
referencia principalmente al momento de la iniciativa divina en que el hombre
lo acoge para iniciar una vida nueva; mientras que la ciencia de los santos
hace alusión al proceso de seguimiento y conformación con Cristo. Evidentemente
quedaría por señalar qué es aquello que hace posible que la persona se inicie
en el realismo de los santos.
Un segundo
punto que hay que discutir es si se puede hablar de la posibilidad de
que exista un modo de aprender y enseñar tanto el realismo como la ciencia de
los santos. Como se indicó en la introducción de este ensayo, al analizar estos
dos conceptos se busca explorar la posibilidad de utilizarlos como modelo o
paradigma de una eventual psicoterapia. Nuevamente es oportuno hacer hincapié
en la iniciativa divina. El primer agente de este proceso de realización
personal es Dios mismo, y el hombre coopera. Si de alguna manera se formulase
un "método” de enseñanza o de terapia, se ha de tener a Dios como
principal referencia. Esto significa que el terapeuta que busca identificar el
nivel de "operatividad” de los rasgos de impresionabilidad y expresividad
para evaluar el "nivel” de realismo del paciente, tendría que hacerlo a la
luz de la acción de Dios en la vida de esta persona. De ser así, aún quedaría
por investigar si existe un modo de sistematizar este proceso. Dado que aquí la
materia sobre la que se trabaja es fundamentalmente una relación personal
(entre Dios y la persona), debe tomarse en cuenta que cada caso será único y
distinto, por lo tanto se descarta un único método para todos los casos. Sería
necesario abordar el "caso” desde todas las particularidades que le dan
significado propio al "nivel” de realismo del sujeto. De esta forma podría
catalogarse a los impedimentos del realismo según su causa o naturaleza, por
ejemplo si se ubica en un rasgo constitutivo, si se trata de un rasgo del
temperamento o del carácter, si es más bien un evento (o varios) de la historia
personal del paciente, o si se trata de una pedagogía divina que se ha de
esclarecer con el tiempo. Por ello mismo, mientras no quede claro si se puede
sistematizar una metodología acorde a cada caso, lo más recomendable es tener a
la virtud de la prudencia como criterio principal de discernimiento.
Conclusión
Luego de este análisis
preliminar de los conceptos de realismo del santo y ciencia de los santos en
pos de explorar un posible modelo para una psicoterapia, podemos concluir que
la naturaleza humana sí posee una dinámica originaria propia que explica la
relación fundamental y primordial entre la persona humana y la realidad. La
realidad es un concepto análogo y gradual, según la jerarquía de los seres. Por
ello, la realidad por antonomasia es Dios mismo. Esto también permite concluir
que en la constitución originaria de la persona humana existe una relación
fundamental con Dios que nunca desaparece, ya que sostiene el ser la persona. El
realismo de los santos vendría a expresar esta condición originaria en dos
aspectos principales: la impresionabilidad y la expresividad de esta Realidad y
las demás realidades.
La ciencia de los santos,
propiamente, se refiere a un estado habitual de la persona que, estando bien
dispuesta, ha acogido las verdades de la fe y las expresa en su conducta. Es
una ciencia tanto en sus aspectos teóricos como morales, y su característica
principal es que la Verdad viva adquiere cierta primacía y autonomía en la
medida en que se expresa en la persona que la ha acogido.
Si se pudiese formular
una psicoterapia con estas premisas, ésta se presentaría bajo la forma de una
realización personal. Otros conceptos análogos que también podrían expresar la
dinámica propia de este proceso son: enseñar la ciencia de la vida, enseñar el
arte de vivir, tener maestría personal, despertar a la realidad, despertar a la
vida, conformarse con la realidad, etc. En otras palabras, esta psicoterapia
consistiría en enseñar a la persona humana la ciencia de los santos a partir de
la educación en el realismo de los santos. Se buscaría disponer su naturaleza
para que la persona, en su relación originaria, pueda dejarse permear por la
Realidad y expresarla en su vida y misión.
Aún quedan puntos
importantes por evaluar, así como también recursos de la misma autora que
necesariamente deben ser tomados en cuenta. Entre ellos señalamos especialmente
su escrito sobre El castillo interior, donde Edith Stein hace una
categorización sistemática del proceso por medio del cual la persona humana se
relaciona de forma cada vez más real con el fundamento de su existencia, Dios
mismo en su interior.
Referencias
bibliográficas
Benedicto XVI, Discurso
al Parlamento Federal, Reichstag, Berlín, jueves 22 de septiembre de 2011.
Concilio Vaticano II,
Gaudium et Spes. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual.
Edith Stein, Ciencia de
la Cruz en Escritos espirituales: en el Carmelo Teresiano: 1933-1942, Ediciones
El Carmen, Vitoria, 2004.
Edith Stein, El castillo
interior, en Escritos espirituales: en el Carmelo Teresiano: 1933-1942,
Ediciones El Carmen, Vitoria, 2004.
Immanuel Kant, Prólogo a
la Segunda Edición de Crítica de la Razón Pura, FCE, UAM, UNAM, México, 2009.
Juan Pablo II, Redemtor
hominis. Carta Encíclica.
© 2016 – Luis Alonso
Ramos Franco para el Centro de Estudios Católicos – CEC
[1] Ver Gaudium et spes,
13.
[2] Edith Stein, Ciencia
de la Cruz en Escritos espirituales: en el Carmelo Teresiano: 1933-1942,
Ediciones El Carmen, Vitoria, 2004, p. 206.
Critica
Este texto lo quiero interpretar desde una perspectiva religiosa, para de esta manera poder darme respuestas a ciertas espiritualidad que mis ojos de fe me hacen creer, pero que ese hombre que esta rodeado de ciencia me hace dudar.
Sabemos que cualquier hombre
que halla en la tierra es pecador de
algún placer terrenal gracias a lo débiles que somos, pues no somos hombres
capaces de percibir la realidad en la que estamos para poder salir de ella, si
no que día a día vamos más hacia ella para volverla de nuestro acomodo.
Haciéndonos insensibles o de que no sabemos por el camino que vamos; es por esta razón que nos volvemos hombre que vemos esta vida como si nada la cual no somos capaces de aprovechar para poder ganar la vida celestial es de gran importancia vivir moralmente la vida terrenal de este modo podremos ser hombre no con vidas perfectas pero si con un alma llena de virtudes como lo hizo Edith Stein.
La realidad de los santos nos
muestran como si se puede ser un hombre lleno de virtudes que pueden vencer la
inmoralidad que nos rodea y cumplir esas
palabras que a veces escuchamos de los sacerdotes en los grandes templos los
cuales nos transmiten que el cuerpo de nosotros es el templo del espíritu
santo.
Es por esta razón que la virtud que recibimos en nuestro bautismo y confirmación pero que perdemos con el tiempo, pero que esta gran santa Edith Stein pudo mantener vivir esa pureza y es ese renacimiento que nos trae el espíritu santo lo que hizo que ella fuera capaz de razonar y no caer al abismo, como vamos muchos de nosotros.
porque no vivimos con esa fuerza espiritual que tanto necesitamos y ni vemos las consecuencia que nos trae, por consiguiente es que no podemos entender estas vidas que para muchas personas son mentiras o inalcanzables pero Edith Stein es un gran ejemplo para la sociedad atea en la que vivimos.
Es por esta razón que la virtud que recibimos en nuestro bautismo y confirmación pero que perdemos con el tiempo, pero que esta gran santa Edith Stein pudo mantener vivir esa pureza y es ese renacimiento que nos trae el espíritu santo lo que hizo que ella fuera capaz de razonar y no caer al abismo, como vamos muchos de nosotros.
porque no vivimos con esa fuerza espiritual que tanto necesitamos y ni vemos las consecuencia que nos trae, por consiguiente es que no podemos entender estas vidas que para muchas personas son mentiras o inalcanzables pero Edith Stein es un gran ejemplo para la sociedad atea en la que vivimos.
Es esta sociedad atea, llena de idolatras de
la modernidad es la que nos muestra el
mundo realista de hoy en día que las
persona no pueda entender como la vida de un santo es tan parecida a la de un
niño lleno de pureza.
porque se nos la etapa mas sincera de nuestra vida es cuando la persona puede percibir la realidad del mundo y ver con ojos de fe las soluciones que pueden agradar a Dios. Pero es aquella a la que llamamos ciencia la que nos hacer ver el mundo o las cosas de una forma más desagradables.
porque se nos la etapa mas sincera de nuestra vida es cuando la persona puede percibir la realidad del mundo y ver con ojos de fe las soluciones que pueden agradar a Dios. Pero es aquella a la que llamamos ciencia la que nos hacer ver el mundo o las cosas de una forma más desagradables.
Se puede afirmar que el realismo de los santos es algo tan
natural que todo ser lo puede vivir, porque ellos si escucharon la palabra de
Dios y la hicieron practica en sus vidas.
De tal manera hay que recordar que la palabra de Dios es vital para nuestra vida, pero como somos hombre que seguimos la ciencia puedo afirmar que vamos hacia un ser humano que se destruirá el mismo y lo llevara a un vacío tan grande que seremos hombre que no le veremos sentido a nuestra vida.
De tal manera hay que recordar que la palabra de Dios es vital para nuestra vida, pero como somos hombre que seguimos la ciencia puedo afirmar que vamos hacia un ser humano que se destruirá el mismo y lo llevara a un vacío tan grande que seremos hombre que no le veremos sentido a nuestra vida.
Por consiguiente para iniciar a entender la
ciencia de los santos primero debo ver con ojos de fe e ir interpretando las
reacciones o los problemas que de un momento a otro se van solucionando son
poderlo entender el mismo hombre es ver las facultades naturales que tiene Dios
para solucionar lo que él quiera.
Para entender muchos más este campo nosotros los cristiano católicos debemos ver
la ciencia naturales como la han visto personas como Edith Stein es ver la
ciencia desde una perspectiva de revelación divina la cual la cual nos muestra
esa grandezas que ningún hombre y ningún placer terrenal no lo puede brindar
por ese debemos aprovechar y vivir esa ciencia porque es a lo que todo
cristiano está llamado a ser santo.
Es tan importante el realismo de los santos
porque es preparación a la iniciación divina desde la tierra, es ese seguimos a
cristo como esa roca sólida que se configura con él y solamente quiere
agradarle sin importar la tentación o
las comodidades que se nos puedan presentar.
es este seguimiento sincero y no por apariencia o por interés, es entregar hasta nuestra propia vida por defender la buena nueva y llevarla hasta el último confín de este mundo.
es este seguimiento sincero y no por apariencia o por interés, es entregar hasta nuestra propia vida por defender la buena nueva y llevarla hasta el último confín de este mundo.
Del mismo modo es importante ver esa
constancia entre la relación del afortunado es vivir las virtudes o la ciencia
de los santos y el mismo Dios pues el de
cada persona es único e inigualable.
Es de resaltar las cualidades de cada uno sin desmeritar el del otro, por eso es tan importante que el hombre actual aunque sea viva una virtud de cada uno, esto en beneficio del mismo con el agrado de que nuestra vidas crezcan tan espiritual, como material y para ver la grandeza que podemos aportar a nuestra sociedad.
Es de resaltar las cualidades de cada uno sin desmeritar el del otro, por eso es tan importante que el hombre actual aunque sea viva una virtud de cada uno, esto en beneficio del mismo con el agrado de que nuestra vidas crezcan tan espiritual, como material y para ver la grandeza que podemos aportar a nuestra sociedad.
la realidad de los santos es muy fácil de
vivir y no imposible como muchas personas lo creen, es saber ubicarnos en el
contexto en cual estamos para poder hacer brillar nuestras virtudes, es vivir
en esa vida que recibimos cuando somos bautizados y poder sacar de ella lo que
pueden engrandecer a la misma, es mostrar esa conducta a la que todo cristianos
esta llamado se justo y cumplir la palabra de Dios.
Para concluir un gran ejemplo de vida es el
proceso de ciencia que tuvo Edith Stein
es ver esa persona atea que viendo el rostro de cristo cumplió lo que él
mandaba es vivir a alimentando ese ser espiritual que cada uno tiene y que habeces olvidamos porque no tenemos esa relación
estrecha con el todo poderoso por que ser santo no es imposibles “todos estamos
llamados a la santidad”.





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